Viernes, 17 Noviembre 2017 00:00

El suplicio de regresar a casa en Ciudad Guayana

 
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En Alta Vista ha habido varias protestas esta semana En Alta Vista ha habido varias protestas esta semana Fotos William Urdaneta

Los guayaneses pagan las consecuencias de la improvisación irresponsable con la que Francisco Rangel Gómez manejó el tema del transporte. El sucesor en el cargo, el cuestionado Justo Noguera, tampoco ha tomado el problema con la eficacia del caso, más allá del propagandismo para sus vanaglorias. Pero ninguno de los dos burócratas padece el calvario de todos los días que sí padecen los ciudadanos, algunos de quienes deben invertir hasta seis horas diarias para movilizarse: es el suplicio del transporte público en Ciudad Guayana.

@marcosdavidv

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Cuando la gerente de la sede del Banco Bicentenario del Orinokia Mall dijo lo que dijo, algo se les vino abajo a Ángel Gil y a Rosa Suárez, quienes estaban allí desde las 9:00 de la mañana en la cola para cobrar la pensión.

Era la 1:30 de la tarde de este jueves cuando, entre el calor y la espesura sudorosa del gentío, se oyó la voz femenina y curtida por los rigores de la burocracia: “Bueno, me van a disculpar, pero los reales no nos van a alcanzar para pagarles”.

Se les vino todo abajo, decíamos, porque Gil y Suárez venían desde 11 de Abril, San Félix, para cobrar: para tener en las manos el dinero que les corresponde.

Ojalá que solo eso hubiese sido. Ojalá que hubiese sido un tema de regresar mañana y ya. Pues no. En ese momento, casi las 5:00 de la tarde del jueves, estaban en una cola en el estacionamiento del Santo Tomé IV. Les tocaba una espera, quizás de otra hora, hasta que pudiesen tomar un autobús para emprender el regreso, tramo que les tomaría otro par de horas.

“Esto nos hace mal, mal. En transporte gastamos como 10 mil bolívares”, decía, ya resignada, Rosa Suárez mientras esperaba para emprender el mismo viaje de dos horas que hizo en la mañana. Mientras esperaba en una de las tantas colas por trasporte que esta semana, en la ciudad, han desencadenado protestas: un síntoma de la desatención social a la que está sometido el guayanés.

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Desde el lunes, las manifestaciones causadas por el mal servicio de transporte han terminado en una suerte de círculo vicioso: la gente que protesta. La Guardia Nacional y la Policía regional que calman los ánimos. Un funcionario de la usurpada Gobernación de Justo Noguera. La llegada de autobuses de las empresas básicas. Y el propagandismo con una nota de prensa con un título de este estilo: “Sidor contribuye con el servicio de transporte público en la ciudad”. Y hasta mañana.

Es el esquema que mira con desconfianza Elizabeth Rengel. Trabajadora en Alta Vista y habitante de Sabana Linda, su rutina le impone una travesía de, al menos, hora y media. Sin contar que ya lo del jueves se ha vuelto una rutina.

“Los buses rojos (del sistema BTR) no pasan. Parece que hay un complot, porque todos los días es esto. Yo salgo del trabajo a las 4:00 de la tarde. Ve la hora: un cuarto para las seis y sigo aquí. Yo vivo en Sabana Linda, en el Core 8, y a diario gasto cuatro mil para movilizarme”, dice desde la Plaza del Hierro. Allí, por cierto, este jueves hubo protesta.

Bus2Las paradas del BTR no tienen ni seguridad ni luz

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El chofer José Hernández estuvo unos minutos al volante del autobús Yutong sin poder avanzar. Estuvo en la parada de la Plaza del Hierro y, después, en una de las de la avenida Paseo Caroní: la más cercana al Santo Tomé de Unare.

 

Bus3En la Plaza del Hierro nadie pasea: todos hacen colas

 

En los dos lugares, las turbas no lo dejaban avanzar: fue uno de los conductores a los que se les atravesaron las protestas generadas por el descontento.

“Hermano, ve, yo estoy aquí desde las 4:30 de la tarde”, le decía uno de los manifestantes. “Hermano, ve, yo los entiendo: yo vengo de una tranca ahorita. Y estoy abriendo espacio para que se monten”, le respondía.

En ese momento un vidrio se quebró: lo quebraron. Era una botella. Alguien lo hizo para enfrentar a alguien. Para lastimarlo, sin dudas, en pleno bullicio. ¿El origen de la pelea? Quién sabe. Lo cierto es que Hernández aprovechó para escabullirse: “Yo pasé por aquí temprano y muchos no se quisieron montar”, afirma para tratar de justificar. ¿Quién no querría montarse a sabiendas del déficit de unidades que hay en la ciudad? “Todos los días es lo mismo y nos afecta como conductores”, dijo antes de, por fin, arrancar.

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Taciturno, Jhonny Lezama estaba en la cola que comenzaba en el Hotel Merú y terminaba casi en la Plaza Monumento a CVG, en Alta Vista. Estaba de pie desde las 4:00 de la mañana. O un poco antes. A esa hora, en realidad, salió de su casa, en El Triunfo, a una parada. A esperar media hora hasta que pasó el primer autobús. Después, en El Mirador, tomó otro autobús hasta la Casa de la Mujer. Luego uno hasta Alta Vista y otro hasta su lugar de trabajo, en Unare, donde llegó a las 7:00 de la mañana.

 

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El estacionamiento de Santo Tomé IV es otro foco de colas

Bus6nuevaLos choferes también se quejan por el comportamiento de los pasajeros

 

Luego de esas tres horas de viaje y de nueve de trabajo, estaba en la parada de Alta Vista esperando. Una hora, quizás, antes de emprender otro regreso de tres horas. No es exagerado decir que Lezama invierte seis horas diarias en el transporte. El mismo tiempo que le tomaría un vuelo de Puerto Ordaz a Buenos Aires, por ejemplo.

Pero es aquí, en la misma ciudad. Es duro imaginarlo. Él se resigna: lo que sabe hacer es el oficio de la pintura automotriz y allá, en El Triunfo, no hay trabajo para él. Debe hacerlo. No tiene otra opción.

“A diario gasto: 2 mil 700 de ida y 4.500 de vuelta”, calcula. Son 7.200 bolívares por día. 36 mil a la semana. 144 mil al mes. Casi un salario mínimo. Sin contar el tiempo perdido.

En el otro extremo de la ciudad, a Luisa Sarcasa le pasa lo mismo. Debe salir con sus dos hijos de la UD-338 a Las Amazonas caminando a las 5:00 de la mañana para que ellos, dos horas después, estén en la escuela. Al regreso, lo mismo. Son cuatro horas por día.

Ella se quejaba en la parada del botellazo. A pocos metros había un cartel: Otra obra de la revolución. Cuando le preguntan si allá, en su sector, han protestado en contra de las insuficiencias del transporte, responde: “No, nadie ha protestado. ¿Qué vamos a ganar protestando? Estamos pendientes de otra cosa, como de qué vamos a comer al otro día”.

Bus5Las colas para esperar autobuses son de hasta dos horas

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