Jueves, 23 Mayo 2013 00:00

Iron Man introspectivo

 
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A veces me invade la sensación de que Hollywood se está quedando sin ideas. Los productores se enfocan más en sacar remakes, secuelas y precuelas de alguna historia exitosa, y es el cine independiente el que se termina quedando con los guiones más sustanciosos.

Con Iron Man 3 no tenía muchas expectativas. Ya se sabe, sobradamente, que Robert Downey Jr. hace reír a carcajadas como Tony Stark, que los efectos especiales cada vez son mejores y que la fórmula de película de superhéroe siempre funciona: salvar el mundo de las garras de un codicioso villano. Pero afortunadamente varias sorpresas rodearon a esta entrega, la mejor hasta la fecha.

Lo primero fue el cambio de director, causando escepticismo en unos fanáticos, alivio en otros. Jon Favreau, encargado de la primera y segunda entrega, pasaba la antorcha a Shane Black, quien en 2005 había trabajado con Downey Jr en el filme Kiss Kiss, Bang Bang.

Black trae un aire nuevo, y tiene a su favor la continuación dramática de la película Los Vengadores que reunió a Iron Man con otros superhéroes de Marvel, y representó, en la historia del personaje, un punto de quiebre interesante, pues arriesgó su vida a un punto máximo, una prueba de mortalidad que antes no había experimentado al sentirse tan seguro en su traje metálico.

Después de tales acontecimientos, Stark, que sigue ocurrente y creativo, se escuda detrás de sus invenciones, intentando perfeccionar al máximo su traje para no volver a sentirse vulnerable. Incluso evitar estar dentro del traje.

Un trabajo de introspección que desde hace varios años se ha venido manejando en superhéroes. Ya no son estos seres invencibles que luchan por el mundo, ahora son hombres que aman y temen. Si, siguen dando su vida por sus ideales, como en el caso del Batman de Christopher Nolan, pero también buscan la felicidad propia. Y Black aprovecha al máximo esa premisa.

Aún así hay espacio para los chistes y la espectacularidad, acompañados de elementos contemporáneos en tono de burla. El mundo de Stark es amenazado por un terrorista muy parecido a Osama Bin Laden, con aires teatrales, apodado El Mandarín, e interpretado por el siempre grandioso Ben Kinsgley.

Don Cheadle y Gwyneth Paltrow repiten en sus roles sin mucho esfuerzo, mientras que Guy Pearce y Rebecca Hall se suman al elenco para torcer la trama y quizás sorprender al espectador.

Otra cosa que llama la atención sobre esta entrega es que no se ha confirmado que este sea el fin de la saga, pero tampoco se ha hablado abiertamente de una cuarta entrega, aunque los números acompañan al taquillero filme e invitan a los productores a seguir invirtiendo.

Sin embargo, creo que muchas veces es mejor dejar un buen sabor de boca y no arruinarlo con una entrega que deje a medias, como le pasó al Spider Man de Sam Raimi.

Visto 2205 veces Modificado por última vez en Miércoles, 04 Septiembre 2013 01:01

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