Domingo, 13 Agosto 2017 00:00

El embajador bolivarense de la guitarra clásica en el mundo

 
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“La vida con la música no puede ser sino bella”, decía el maestro nacido en la antigua Angostura “La vida con la música no puede ser sino bella”, decía el maestro nacido en la antigua Angostura
 
 

El hijo ilustre de Ciudad Bolívar, autor de numerosos valses, poemas sinfónicos, obras para orquestas, solistas y coros, Antonio Lauro, nació el 3 de agosto de 1917 cuando el Orinoco estaba en el tope de sus aguas. Nació con ese augurio telúrico de grandeza en casa diagonal con la Plaza Bolívar.

Allí vivió hasta la edad de 19 años, cuando murió su padre que era barbero y músico de origen italiano. Antonio Lauro Ventura, su padre, casado con Armida Crustoneo, llegó a Venezuela en 1900 procedente del sur de Italia (Calabria) y se radicó en Ciudad Bolívar, donde instaló la barbería Petit Trianon, en lo que es hoy el Paseo Orinoco. Alternaba su profesión, de comerciante y barbero, con la música. Cantaba y tocaba el bombardino y la guitarra. Falleció a la edad de los 40 años a causa de una litiasis renal, el 9 de marzo de 1922.

Con su madre viuda y dos hermanos, todos nacidos en Ciudad Bolívar, Antonio Lauro se retiró del Colegio Guayana de Narciso Fragachán y viajó a Caracas en 1926 en busca de nuevos horizontes por los caminos de la música.

Desde temprana edad le atrajo la guitarra y su gran maestro en Caracas fue Raúl Borges, pero antes estudiaba música y aprendió a ejecutar otros instrumentos con Vicente Emilio Sojo, Salvador Llamosa y Juan Bautista Plaza. Contemporáneo con Antonio Esteves, Ángel Sauce y Evencio Castellanos, Lauro destacó como concertista de guitarra. Fue el primer venezolano en utilizar este instrumento para interpretar composiciones de Haendel, Bach y Albaniz.

La última vez que estuvo en Ciudad Bolívar tocó para un grupo de amigos los valses Natalia, Andreina, Tatiana, Momoti, y María Luisa. Este último vals dedicado a su esposa María Luisa Contreras con quien tuvo a Leonardo, Natalia y Luis Augusto. Cada uno tiene más de una obra dedicada por su padre. En esa ocasión le preguntamos por qué creía que la gente consideraba a Natalia como su mejor vals.

“No creo que el vals Natalia sea mejor. Todas mis composiciones son hechas con la misma pasión. Lo que ocurre con el vals Natalia es que ha sido más popularizado y, por consiguiente, de mayor tiempo entre los oyentes”, respondió el maestro con la amabilidad serena que siempre lo distinguía.

Pero además de estos valses de fama internacional –cuyo trabajo ha trascendido en otros linderos de la guitarra, como lo hace la estrella de pop Sting, quien ha manifestado su fascinación por Natalia–, la firma de Lauro luce en otras composiciones como El Niño, Carora, Yacambú, Seis por Derecho, La Negra, Sonata, Concierto para Guitarra y Orquesta, Suite venezolana y Pavana al Estilo de los Vihuelistas.

Notas contra la dictadura

Lauro, además de numerosos valses para guitarras, compuso poemas sinfónicos y obras para orquestas, solistas y coros. En la década del 50, los años más duros de la dictadura perezjimenista, compuso Cantaclaro, basada en la obra literaria de Rómulo Gallegos. Esta pieza para orquestas no se pudo estrenar, pues la persecución política era muy fuerte y Lauro, que no ocultaba su posición contra el régimen, fue a parar a la cárcel. Estuvo preso junto con el ex presidente de la República Jaime Lusinchi y el poeta Rafael Cadenas.

La hiel de los barrotes no le impidió que a la postre siguiera desarrollando su carrera musical, tanto en ejecución como composición y docencia.

Sobre esto último bien puede hablar el maestro Leopoldo Igarza, alumno directo de Lauro, quien confesó en entrevista a El Universal la gran influencia que tuvo el bolivarense en su sonido, especialmente en lo que respecta a la música bitonal, el estudio del contrapunto y su carácter multifacético. 

  ComillasNEGRASgrandesLa vida con la música no puede ser sino bella. Las incidencias, insensibilidad, incomprensión, egoísmo, son tan livianas que no inclinan la balanza”. Antonio Lauro  


Pero lo que más guarda con gran afecto, además del maestro, es a Lauro, la persona. El entrañable ser humano:

“Su nobleza fue un aspecto que me marcó: yo tengo varios alumnos a los que no les cobro, Lauro no me cobró nunca en el tiempo que fui su alumno. Su obra es lo más importante que hay, no solo en el sentido de la calidad, sino que en el tiempo se va a valorar más”, comentó Igarza al mismo rotativo.

Su visión de la música fue mucho más allá de la técnica y la composición. El guitarrista Luis Zea, también discípulo de Lauro, recuerda que este insistía en la necesidad de tener una visión artística a través de la imaginación, la intuición, el refinamiento del oído y, especialmente, un vínculo espiritual con la obra. “Muchas veces le oí exclamar: ‘hay que aprender a decir las cosas en su momento. El discurso musical cobra sentido si el ritmo está claro’”, citó.

En íntimo

Cuando cumplió 60 años le preguntamos en el homenaje que le ofreciera el Colegio de Abogados: “¿Qué sentía con la relación a la llamada tercera edad?”. Y respondió escuetamente: “Siento que he aportado a plenitud para la humanidad con una de las disciplinas más importantes y hermosas que solo el hombre tiene el privilegio de poseer”.

Este superdotado de la música, premio nacional, no era muy extensivo en las respuestas. Le gustaba la brevedad sin dejar de ser sencillo, elegante y claro. Así transcurrió el siguiente dialogo en 1977:

  LAURO 2
Lauro es considerado el primer músico venezolano del siglo XX de trascendencia universal 
 

-¿Quiénes en el mundo de la música conocen tanto la guitarra como usted?

- Los laudistas ingleses y los vihuelistas españoles fueron grandes ejecutantes a la vez que compositores de talla. En nuestro siglo hay muchos buenos compositores para nuestro instrumento, gracias a la divulgación que le han dado Andrés Segovia, John Williams, Alirio Díaz y otros.

- ¿Qué diferencia existe entre la guitarra del siglo XV y la guitarra de nuestros días?

- En el siglo XV la guitarra es muy incipiente; sin embargo, ya le dedicaban obras importantes que vienen a culminar con Gaspar Sanza y Roberto de Visse en el siglo XVII. La de nuestros días ha tenido una superación, producto de la técnica que ha logrado mejor y más bello sonido.

- Los árabes, aparentes inventores de la guitarra, ¿tienen compositores o ejecutantes tan importantes como occidente?

- Los árabes son muy importantes en los orígenes de la guitarra, pero principalmente el laúd, el que asocian más a ellos. No han tenido, conocidos, grandes compositores o ejecutantes de ese instrumento. De todos manares, su música se desarrolla en cánones muy distintos a los de la música occidental. No podríamos juzgar con la lente occidental la obra de una cultura oriental.

- ¿Qué la faltaría al compositor para ser buen guitarrista y al guitarrista para ser buen compositor?

- Estudiar con seriedad y pasión en los dos casos y, sobre todo, servir para eso.

- ¿Cómo considera usted al cuatro con respecto a la guitarra?

- El cuatro nuestro es una guitarra primitiva, posiblemente el guitarrillo que trajeron los españoles.

- ¿Cuántas atenciones y honores le ha hecho la ciudad a su hijo Antonio Lauro?

- Mis amigos de Ciudad Bolívar y todas las personas con las que he tenido contacto me han colmado de honores y atenciones como es costumbre en los hijos de esta región.

- ¿Qué ha sentido las veces que la ciudad lo ha colmado de atenciones?

- Es muy difícil dar una idea en pocas palabras de la satisfacción que me embarga y la emoción sincera que siento. Solo hay que imaginarla.

- Si el Presidente de la República le diera un día de gobierno ¿Qué haría a favor de música?

- Es muy difícil hacer en un día lo que llevaría años, generaciones, para lograr una cultura que nos coloque entre los países civilizados. Solo con un decreto que tuviese la propiedad de ser irrevocable se podría establecer algunas bases que diera su fruto a largo plazo. Por eso no me canso de pedir a las personas que tengan poder o influencia, que no aplacen más la acción encaminada a conocer una verdadera importancia a las ciencias y las Artes. El Partenón, el sentimiento de Aristóteles, Descartes, Galileo, Mozart, Leonardo y otros, son los únicos que han quedado y que juntos a sus nombres inmortalizaron a Atenas, Florencia, teniendo ella una imagen más alta que muchas otras ciudades o estados que fueron más poderosas.

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