Viernes, 19 Enero 2018 00:00

Acta de defunción confirma que fuerzas de la dictadura ejecutaron a Oscar Pérez y a su grupo

 
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La vigilia en la morgue de Bello Monte, Caracas, continúa La vigilia en la morgue de Bello Monte, Caracas, continúa Foto cortesía Iván Reyes | @ivanereyes

Primero fue la delación para confirmar la masacre. Luego, la de las autopsias. Y, ahora, una vez que todo el país confirmó, mediante las actas de defunción, que a Oscar Pérez y a su grupo aliado los ejecutaron con tiros de gracia, las familias permanecen a la expectativa por un temor: que los cuerpos sean incinerados para desaparecer evidencias. Cierra así una semana marcada por los atropellos de un régimen que afinca su saña contra todo vestigio de derechos humanos.

@marcosdavidv

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El acta de defunción, finalmente, se hizo pública: a Oscar Pérez lo ejecutaron las fuerzas de la dictadura madurista con un balazo en la cabeza, según se lee en el papel que difundieron este viernes sus familiares.

Periodistas presentes en la Morgue de Bello Monte divulgaron la foto del acta. En ella se lee que la causa de la muerte fue “traumatismo craneoencefálico severo por herida de arma de fuego”.

Pero la barbarie no solo se corroboró para el caso de Pérez, sino también para todo el grupo rebelde que lo acompañaba en la mañana del lunes, cuando fueron masacrados en una casa de El Junquito.

“Fuentes en la Morgue de Bello Monte me informan que todos los de la masacre de El Junquito, donde fue ajusticiado Oscar Pérez, tienen tiros de gracia en la cabeza, incluso la joven del Táchira Lisbeth Andreina Ramírez Padilla”, escribió en su cuenta de Twitter la periodista Alicia de la Rosa.

“Las actas de defunción de Oscar Pérez, José Díaz Pimentel, Abraham Israel Agostini, Lisbeth Ramírez, Abraham Lugo, Jairo Lugo y Daniel Soto certifican que todos, los 7, murieron por disparos en la cabeza”, apuntó la también periodista Liseth Boon, del portal Runrunes.

Con actas pero sin cadáveres 

 

 

Este viernes, los familiares de las siete víctimas continuaban reclamando en la Morgue de Bello Monte, Caracas, que les entregaran los cadáveres. El secretismo gubernamental en torno del caso les impidió saber, a cinco días de la masacre, qué pasará con los cuerpos.

Afuera de la morgue impera un miedo: que la dictadura creme los cuerpos para desaparecer todas las evidencias de la masacre que ejecutaron sus fuerzas y los paramilitares que las acompañaron y dispararon.

“Sabemos que sus intenciones son cremar los cuerpos y no sabemos para qué. Ya vimos los cuerpos. ¿Qué más quieren ocultar? Apelo a su conciencia: si dice que es ministro de Relaciones interiores, Justicia y Paz, ¿Qué paz nos garantiza? ¿Cómo va a impedir que a nuestros familiares se les dé cristiana sepultura?”, increpó la hermana de Abraham Agostini, uno de los masacrados, en declaración dirigida a Néstor Reverol durante la noche del viernes, según se escucha en un video compartido por el periodista Rafael Hernández.

Un tétrico colofón 

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El acta de defunción es clara: traumatismo craneoencefálico por herida de arma de fuego. Es decir, balazo en la cabeza | Foto cortesía @elyangelicanews | Foto cortesía elyangelicanews
 

La noticia sobre las actas de defunciones que confirman las ejecuciones extrajudiciales o, en una palabra, la masacre perpetrada el lunes, es el colofón de una semana en la que la dictadura madurista violó derechos humanos y protocolos legales.

El repudio por tales acciones ha venido desde varios flancos. Uno de ellos fue el del Programa Venezolano de Educación-Acción (Provea), que explicó cómo se atropellan derechos humanos con el desbarajuste con los cadáveres.

La Iglesia Católica, a través de la Conferencia Episcopal Venezolana (CEV), además de condenar los hechos exigió justicia y recordó a los venezolanos que no se pueden acostumbrar a las muertes sin investigación.

No solo eso: la masacre sirvió para que el régimen sembrara inquinas políticas cuando Néstor Reverol asomó que líderes de la MUD habían delatado a Pérez como parte de la negociación.

La acción, incluso, llevó a los voceros opositores a anunciar la suspensión de la ronda de diálogo pautada para el 18 de enero.

Así cierra la semana: una semana de enero que marca, para la historia, el tropel abusivo que en la dictadura madurista atropella, denigra e irrespeta los derechos humanos. 

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Los familiares aún temen que el régimen incinere los cuerpos | Foto cortesía Efecto Cocuyo

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