Opinión

Esa incertidumbre espantosa va generando un estado de angustia que progresa a un estado de desesperanza acumulativa, que termina dañando tan intensa y gravemente la homeostasia sicológica hasta que la siquis no aguanta más.
Ya no basta con hacer referencia exclusiva a la presencia de más de cuarenta mil cubanos que participan en áreas clave de la vida nacional. Ahora el protagonismo del mal está más diversificado. Peligros adicionales se suman a los existentes. El grueso del país los desconoce gracias, entre otras cosas, a la férrea censura sobre la información.
La soberanía venezolana pertenece al pasado, sobre todo al pasado democrático, en el que Venezuela llegó a la cima de su autoridad independiente.
Nadie siente vergüenza ni se sonroja cuando son señalados como corruptos y ladrones en sus distintos grados.
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