Las colas de la gasolina reflejan en paralelo a las falacias de las autoridades con medidas de pretendido gobierno y la organización que se forma en torno a la irritación social colmada por la humillación y el número creciente de carencias.

“El riesgo de este caos es que nos enfilemos al 2024, de la mano de Maduro y su revolución. Esto no da para más. ¿Quién puede trabajar así?”. “Lo del transporte es terrible, por lo de la gasolina y por lo del efectivo. ¿Cómo hacemos para ir a cumplir con el trabajo que tenemos? No da mucho, pero con eso algo llevamos a la casa”. “He podido comprar solo arroz o yuca; envié a mi mujer y a mis hijos con unos familiares, mientras resuelvo el trabajo”. Expresiones del colapso. La referencia corresponde a la dinámica de las últimas semanas, acentuada con la situación de escasez de combustible, en Ciudad Guayana. La primera opinión es de un pequeño comerciante de Puerto Ordaz; las otras, una señora que hace de empleada doméstica en varias casas de Villa Brasil y un trabajador de la construcción que no quiere irse a las minas. El Observatorio Venezolano de Conflictividad Social, en reporte reciente, citado en nota por la periodista María Ramírez Cabello para Correo del Caroní, demuestra con gráficos cómo el surtido de gasolina para la población ocasionó en el mes de mayo la mayor cantidad de protestas en el área de los servicios básicos: “El OVCS documentó protestas por combustible en 17 estados, siendo Mérida (78), Táchira (69) y Trujillo (10) los estados con mayores índices de protesta en rechazo a los cobros excesivos en bolívares, pesos y dólares”. El observatorio indicó que en los estados Zulia, Lara, Anzoátegui, Bolívar y Monagas “la crisis va en aumento y en algunos casos han implementado diversas medidas para restringir el acceso al suministro de gasolina. En consecuencia, la escasez de combustible ha profundizado el colapso de los sectores educativo y salud, solo por mencionar algunos que han paralizado sus actividades ante la imposibilidad de movilización”.

Son las cifras, que tienen de espejo hechos duros y agobiantes. Datos cuyo escenario de trasfondo es que la mayor población de la zona del hierro se encuentra en San Félix y que los empleos que van quedando o que han “florecido” con el derrumbe de las empresas básicas, se encuentran en Puerto Ordaz. La catástrofe, por lo tanto, tiene su epicentro social en las innumerables comunidades que integran el sur de la ciudad, sin menoscabo de expresiones de zonas residenciales de la avenida Atlántico, Unare y Core 8, en conjunto con la otrora clase media, donde la condición económica se asemeja, hoy, a un recipiente desvencijado.

En nombre del desarrollo y de la vida

Nacionalmente no hay soluciones a la vista. El corto plazo ha desaparecido de la perspectiva colectiva; el sentimiento popular se centra en el cambio, donde el gobierno de usurpación (así ampliamente reconocido) es el principal responsable y debe irse. Pero en la percepción de la gente, además con todo lo que ha pasado en los meses recientes, eso no va a ocurrir. Queda la población en manos de negociaciones o diálogos, desacreditados y sin confianza en sus resultados efectivos; que han demostrado hasta el presente ser de pocos beneficios para los venezolanos y por el contrario, han concretado ganancias para la revolución por sobre el desprecio mayoritario. Pero por ahí se encamina la opción en curso de los sectores políticos que incluyen la comunidad internacional. ¿Habrá mejor suerte ahora? El ágil factor cubano, ese aliado estrella del régimen, mientras tanto, impone sus mitos de solidaridad socialista a la vez que continúa con el control institucional nacional y el “chuleo” de lo poco que queda de la producción petrolera.

En el estado Bolívar, los ciudadanos desafían a su ritmo y con convicciones propias los embates cotidianos de la crisis. Vecinos, amas de casa, el habitante común que reta cada vez con mayor fuerza los abusos y arbitrariedades. Se trata de defender la vida, pero que con la madeja de problemas, el vacío de representatividad institucional y de dirigentes locales que asuman la compañía de las mayorías, se ha venido convirtiendo poco a poco en acción colectiva: las colas de la gasolina reflejan en paralelo a las falacias de las autoridades con medidas de pretendido gobierno y la organización que se forma en torno a la irritación social colmada por la humillación y el número creciente de carencias.

Voz ciudadana

¿Pueden avizorarse posibilidades de transformación que se conecten con el anhelo venezolano? No por ahora. Lo que sí es relevante para el estado Bolívar, es que el reclamo social merodea en distintas partes de Ciudad Guayana y Ciudad Bolívar, las dos urbes más pobladas. De allí que la voz de la protesta de Guayana (desde el centro hasta la inmensidad de sus rincones) viene destacando su presencia. “La dirigencia política está perseguida y acosada”. Observan quienes en descargo del papel de las organizaciones partidistas de la región, apuntan al afán nada oculto del gobierno en encarcelar a la disidencia política. Es válida la acotación, pero algún rostro tendrá que encarnar el papel de convocante frente al miedo que la ciudadanía reta. ¿Cuánto más se puede esperar ante la destrucción por parte del régimen como forma de chantaje para quedarse en el poder? El desgaste de la dirigencia en Guayana es inocultable; son manifiestas las muestras de desconfianza de la población con los partidos anulados en su compromiso social y en la palabra solidaria. Prefiere, ciertamente, la sociedad civil (no aquella que se autonombra como tal), a que desde sus expresiones más directas, la protesta por la libertad y el desarrollo, se conforme en defensa de la dignidad y la vida.

El miedo es libre, reza el decir, pero sin luchas no habrá cambios, alertaba recientemente el consultor político bolivarense Luis Beltrán Franco, en conversación con jóvenes de Ciudad Guayana. Ese apunte otorgaba realce a la ruta de rescate constitucional trazado por la Asamblea Nacional y el papel convocante que cumple el presidente (e) Juan Guaidó. Ello no invalida, ha de enfatizarse, el rol de organización y articulación que tienen que cumplir no solo los diputados con sus altas y bajas, también la ciudadanía, primordialmente, para la recuperación de los derechos individuales y colectivos ahora destrozados y anulados. El comerciante de Puerto Ordaz reflexionaba con especial tino sobre el riesgo que lleguemos al 2024 con el drama de crisis nacional. “¿Quién aguanta?”. Ante negociaciones sin garantías, inscritas por sobre buenas intenciones en el aprovechamiento y oportunismo de intereses políticos y económicos, además de las maniobras del régimen; la ruta de Guayana como estado clave reside en su propia defensa: en hacer valida la dignidad venezolana como lo declaró la Conferencia Episcopal Venezolana. Guayana protesta.

Trocitos…

- Este 27 de junio, Día Nacional del Periodista venezolano, Correo del Caroní arriba a su 42 aniversario. “La Casa de las Ideas” en el “Camino de la dignidad” como repite siempre el doctor David Natera, su propietario y director. El medio impreso, ahora ampliamente seguido en la web, que ha resistido veinte años de agresiones, maniobras judiciales para callar la voz de la extensa Guayana, que no ha hecho concesiones a los antiguos y nuevos dueños de la corrupción. Sin tregua para los aliados de los trúhanes revolucionarios que vieron en el estado Bolívar la fuente de su enriquecimiento, menospreciando el esfuerzo honesto. Aquí continua, “…porque somos de los que no se van”. Recalca Natera. A esos profesionales que buscan y procesan las noticias, jóvenes y ciudadanos de compromiso con el ejercicio periodístico. A los empleados, trabajadores y a toda la gran familia de Correo del Caroní, la felicitación y el aliento por las luchas que desde esa trinchera nos inspiran.