Soy una provinciana de Upata, viví en Caracas y sobrevivo en Ciudad Guayana y jamás había tenido un encuentro tan cercano con un gallinazo, chulo, alimoche, buitre negro, algunos de los nombres por los que se conoce a las 23 especies de zamuro que existen en el mundo.

Mientras los venezolanos huyen, llegan los zamuros a los que otrora solo veía volar cuando viajaba. La nube negra en lontananza era frecuente en las adyacencias de las carreteras, y sabíamos que el cadáver de algún animal se convertiría en manjar de estas aves carroñeras. Todo se desarrollaba con normalidad en la alimentación de esta especie, cuya jerarquía cuasi militar, no puede ser violentada bajo ninguna circunstancia, Primero el rey se come el lomito y el resto es para la plebe. A pesar de estas desigualdades puedo decir que soy una defensora de los zopilotes, porque cumplen una función de vital importancia en la higiene de la naturaleza.

Esto último no es cosa baladí. De suyo, he visto cómo en los países del primer mundo se les cuida y se les protege, porque su extinción generaría graves problemas a la flora y a la fauna de estos civilizados conglomerados. Todos los mamíferos, incluidos los humanos, sufrirían las gravísimas consecuencias de su exterminio, tanto los que viven en el campo como en las ciudades.

Su hábitat natural son las sabanas, llanuras, montañas y áreas suburbanas, por eso nunca imaginé verlos ejecutar sus saltitos sobre el asfalto ardiente de la ciudad, y menos levantar la vista hacia la ceiba y encontrarme que ahora duermen en ese árbol gigante, que sobrevive entre la calle Mediterráneo y Castilla de Los Olivos.

Pero entendí que están en un microclima que les resulta familiar y se sentían como en casa. La basura acumulada, engusanada y con su contaminante lixiviación atrae a estas aves. Encuentran restos de cadáveres y limpian las acumulaciones de inmundicias que los ciudadanos depositan, aunque no pueden comerse todo lo que nosotros desechamos. Su plato preferido es la carroña no el plástico, el papel, el vidrio, las latas y otros desechos sólidos.

Soy una provinciana de Upata, viví en Caracas y sobrevivo en Ciudad Guayana y jamás había tenido un encuentro tan cercano con un gallinazo, chulo, alimoche, buitre negro, algunos de los nombres por los que se conoce a las 23 especies de zamuro que existen en el mundo. Ni siquiera cuando fui a Cambalache me ocurrió algo parecido a lo que experimento en estos tiempos.

Cuando voy a la universidad muchos zamuros están en los basureros que rodean a las Residencias Tumeremo, a la Torre Loreto y a la UNEG. Es decir, han migrado del campo a la ciudad, como hicieron los venezolanos en la segunda mitad del siglo XX, cuando nuestro país se urbanizó y se modernizó gracias a la democracia.

En el caso de los zamuros o buitres negros el éxodo tiene otras razones. ¿Será que la disminución de los rebaños limita sus posibilidades de alimentación en las zonas rurales, o que tanta basura citadina es una provocación a la que no pueden resistirse? Es cierto, que no van a conseguir el cadáver de un bovino o de ganado porcino en los vertederos de las urbanizaciones de Ciudad Guayana, pero su excelente vista y olfato les permitirán manducarse algún hueso de pollo u otro cárnico, como se ha puesto de moda -en revolución- llamar a las proteínas animales.

En cuanto a la tentadora cantidad de basura que se acumula en esta metrópoli industrial, eso sí puede tener un efecto llamada para estas rapaces que no tienen depredadores. Esta urbe es un muladar por los cuatro puntos cardinales. Claro para los habitantes es una sentina, pero para los zamuros es un manjar de grandes dimensiones. Su vista privilegiada -desde las alturas- verá una mesa servida, exclusivamente, para su degustación, en tanto que su fino olfato percibirá todos los aromas de tan exquisitos condumios,

Para finalizar quiero compartir con mis escasos lectores lo que viví en estos días. Iba de caza y de pesca -como el hombre primitivo- con mi mochila al hombro, cuando escuché el grito de una señora que recibió en su espalda la tibia deposición de un zamuro, que descansaba en la ceiba de la calle Castilla. En una ciudad sin agua y sin jabón para higienizarse, esto es un verdadero peligro para viandantes y transeúntes. Recomiendo, por tanto, que no miremos solo el tronco de los árboles cuando caminemos por este albañal, colonizado por gallinazos.

Agridulces

Soy absolutamente escéptica con los resultados de la visita de Michelle Bachelet a esta colonia castrista. No auguro nada importante que mejore las miserables condiciones en la que viven los venezolanos, que se niegan a abandonar el territorio donde nacieron. Señora comisionada para los derechos humanos de la ONU, aquí existe una eliminación sistemática de nacionales por hambre, inseguridad, represión, falta de medicinas y hospitales. Es una forma de genocidio ¿o no?

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