Centra la gente la atención en sus dolores inmediatos, las mil caras de la pobreza que se multiplican sin dolientes, ni atención, ni voces de alientos. Observando y sacando conclusiones en silencio.

Un apreciado amigo me increpa para referirme sobre la irresponsabilidad del capitán del mazo, relacionada, en su opinión, con las estrambóticas (des)calificaciones del dador, al informe de la doctora Michelle Bachelet, sobre la situación venezolana y la amplia descripción del incumplimiento de los derechos humanos en nuestro país. Le cuestiono su pérdida de tiempo para el análisis, siempre que sea posible, en su afán de mirar ese programa y todos los maniqueos y manipuladores espacios de VTV. La repuesta de mi particular conocido, es que efectivamente nadie mira tales “producciones” pero que es menester contestar a señalamientos tan inverosímiles, ya que prácticamente todo el planeta certifica el trabajo de la alta comisionada de la ONU, pero que además no existe en este pueblo. Ser que no conozca, por padecerlo, los embates de la inmigración, la hiperinflación, el hambre, los riesgos de enfermarse, condiciones de la red hospitalaria, situación de ancianos y jubilados, los horrores que realizan los cuerpos de seguridad y el largo rosario de inclementes problemáticas que arrastramos con la gestión revolucionaria.

La discusión me parece ociosa, pero la dejo de ese tamaño, al final no hay otra cosa que impotencia en este guayanés, como en la evidente mayoría de los que diariamente conseguimos en las colas, en el comentario al viento del transeúnte que alivia su irritación con una frase sobre los precios en el mercado. En otro, que dice algo contra los militares “pasivos” ante la tortura de sus compañeros de armas, y sigue sus pasos.

Ya no son, por lo tanto, las noticias atropelladas sobre nuevas negociaciones de las dirigencias del país (las del presidente encargado Juan Guaidó y las del usurpador y su grupo) las que copan el interés exclusivo de la población. Existe mucha desconfianza, mucho escepticismo y necesidades a granel, que observan además los abusos, la falta de escrúpulos y la tranquilidad con la que se comportan los altos funcionarios de la revolución para que, a menos ocurran acciones ejemplares (que tampoco se sabe con exactitud cuáles), pueda levantar la mirada de un pueblo que no abandona la lucha por la libertad pero que cada vez es más selectivo, más riguroso con los mensajes, actos y todas las reiteradas maniobras de la dinámica política en estos años. Centra la gente la atención en sus dolores inmediatos, las mil caras de la pobreza que se multiplican sin dolientes, ni atención, ni voces de alientos. Observando y sacando conclusiones en silencio.

¿Los derechos humanos se comen?

Los pueblos en las distancias e incluso ciudades pequeñas lejanas a la región central, apenas pueden alimentarse, solventar servicios como el transporte, el desempleo y las peripecias en la obtención de algún sustento económico. Si en las urbes pasa en sus barriadas periféricas, puede deducirse que ocurre en los caseríos apartados como los del estado Bolívar, donde a la ausencia de autoridad y ante el cumulo de calamidades, vienen instalándose bandas organizadas de antisociales, al igual que de grupos guerrilleros de Colombia (desde hace años en Cedeño y Sucre y ya en las cercanías de Piar, Padre Chien y Angostura). La catástrofe social no es un cuento o una simple estadística de un informe, como supone la versión revolucionaria sobre lo que ocurre en Venezuela, con pretendida calificación de falso. ¿La población puede dejar de sentir el hambre? ¿La orfandad ante las enfermedades y carencia de medicinas? ¿Puede dejar de ver a los muchachos saliendo en oleadas a otros países, o ser indiferente ante el hampa y los innumerables hechos de sangre que esta ocasiona? Son las preguntas comunes en circunstancias de clara manipulación de voces oficialistas.

De allí que la Venezuela futura con sustento en el Estado de Derecho, ¿Puede obtener a través de una operación política que centre sus esfuerzos en la negociación de elites sobre el vaivén y desarrollo de tantas variables de la esencia social venezolana? Pero sobre todo ¿Puede encontrarse voluntad de entendimiento decente y sensato con comportamientos tan premeditadamente atroces a los mínimos valores de la dignidad humana que muestran sin muro de contención, los gobernantes socialistas que gobiernan el país?

Son premisas que pesan en el ánimo de la ciudadanía venezolana al hacer el resumen de avances en luchas por la democracia (que innegablemente los hay), y las perspectivas de un dialogo o negociación que no se sabe si terminará poniéndole freno a las aberraciones del actual Estado-partido- gobierno, o sencillamente se pactarán condiciones que tardarán poco tiempo en situarnos de nuevo en circunstancias parecidas a las que vivimos y en las que se ha luchado desesperadamente (con sangre, sudor y lágrimas) por salir.

El diálogo con la gente

El rescate del orden constitucional en la ruta establecida por la Asamblea Nacional y Guaidó tiene pleno respaldo, en esto coincide el anhelo del país. Los diputados, con sus altas y bajas, ejercen representación de la Venezuela que pide transformaciones medulares y ellos deberán y sabrán responder por los resultados. Queda el diálogo con la sociedad, con las comunidades, con municipios y pueblos que esperan tanto las medicinas y la comida, como la orientación apropiada y la comunicación oportuna. Aquí es donde el rol de quienes se pretenden dirigentes y el esfuerzo de la solidaridad fallan estruendosamente. Explica ese vacío -de muchos años- la falta de credibilidad de LOS POLÍTICOS y la percepción de inutilidad de los PARTIDOS. Monseñor José Luis Azuaje, en la apertura de la reciente CXII Conferencia Episcopal Venezolana, en su condición de presidente, resaltó lo que es quid para momentos de ánimo bajo sobre la resolución de la crisis nacional: “Ante la incertidumbre de un futuro con muchos interrogantes hagamos valer la creatividad haciendo uso de nuestras propias capacidades como fuerza de cambio hacia una nueva sociedad. En un mundo de cambios vertiginosos no se puede improvisar ni quedarnos haciendo ‘más de lo mismo’, por lo que hay que diseñar el futuro entre todos”. La solidaridad es instrumento de creatividad en las horas presentes; la razón que se origina en el compromiso y la sensibilidad social, no se encuentra, lamentablemente, en el espectro regional en las vocerías de las organizaciones políticas tradicionales y en las nuevas, ya envejecidas por vicios de personalismos y cálculos particulares. En el estado Bolívar, hay que insistir, el plan para evadir la improvisación tiene que diseñarse en el contacto permanente con sus habitantes hasta en los rincones más apartados y más inaccesibles. En la ayuda a sus dificultades con el diálogo profundo sobre lo que se plantea en otros países del orbe en relación al destino nacional. Es la emergencia dirigente y las diversas inquietudes ciudadanas a las que corresponde escudriñar las condiciones futuras que garanticen el derecho a la vida y a la libertad, que hoy además de pisoteadas, se encuentran en las interrogantes sobre cuánta será la porción de las deformaciones con que habrá que lidiar para la construcción de una democracia de justicia y de un estado de derecho que imponga su solidez. Particularmente es la tarea en Guayana ante la nada política de la gastada dirigencia local.

Trocitos…

- Las noticias de Caicara del Orinoco: los jóvenes voluntarios que lidera la periodista Adriana Hurtado, en su afán de reconquista democrática por aquellos lares, han retomado la acción de la “olla” solidaria, la sopa que reparten entre los más necesitados los fines de semana. Es la sencilla y espontánea solidaridad que cuenta.

- Reporte desde Ciudad Bolívar: Creación del “Comité de Exterminio de la Basura Política”, con listado de nombres de dirigentes opositores de la región. Su objetivo a pesar del nombre parece enfilar al ingenio del más punzante humor negro.

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