“Hay que sobrevivir, estamos en esa hora”. Es la convicción del análisis doméstico. Son los ciudadanos que no se rinden pero que las oleadas de penurias, con las medidas de la revolución.

¿Piedras fritas para este tiempo estacionario? No son pocos meses del hundimiento económico de Venezuela, que ya tiene descripciones en estudios calificados como expansión de la “barbarie”; que lo es dramáticamente en todos los órdenes de la vida del país.

Los pueblos de la Guayana profunda (como los de todas las regiones, es seguro) que no tienen la mirada colectiva, pasan por los desvaríos, maniobras y calamidades ante la imposibilidad de adquisición de alimentos u otros productos; la distorsión del valor de la moneda, además de la proliferación de grupos que controlan ilícitamente todo lo que pueda ser de primera necesidad. Así la economía tiene ribetes de vida o muerte. Entendible entonces que comunidades grandes, ponemos por caso el sector de Chirica en San Félix o Gran Sabana (Core 8) de Puerto Ordaz, después de cierto dinamismo; el primero con el ya lejano asentamiento de empresas medianas, el segundo con el comercio, hasta hace poco, en miles de variantes populares, son espacios de abandono y deterioro. Entraron definitivamente, no sin intentos de mantenerse por parte de sus emprendedores, en la más completa ruina y al igual que nuestra Ciudad Bolívar -puede compararse- empieza a observarse el incremento de la indigencia o de grupos de hombres, jóvenes, mujeres y hasta niños que deambulan por las calles en el ocio: “A ver que sale”.

El dólar, que tiene un empujón fenomenal hacia el alza, desde hace semanas; que ya viene siendo familiar para la transacción de los que pueden emplearlo (también con maromas y acrobacias). Que salió del closet de la utilización del gobierno de la revolución en sus indicadores que pretendió siempre esconder; proporciona un medidor de si el estado estacionario donde andamos, que es también agónico, es el de la despedida de la usurpación, o es de la entronización de la dictadura con más miseria y pobreza de un modelo fracasado que no cambiara.

¿Cómo y dónde?

“Hay que sobrevivir, estamos en esa hora”. Es la convicción del análisis doméstico. Son los ciudadanos que no se rinden pero que las oleadas de penurias, con las medidas de la revolución. Con esas duras realidades locales y nacionales, les han llenado los ojos de escepticismo, obligándoles a poner aún más los pies en la tierra. ¿Cómo comemos?, pregunta el pequeño comerciante que ha cerrado su negocio, en un lujo que también reconocen poseen al menos de una comida al día, cuando se sabe de los que no la tienen. No son nada más las referencias del hambre y el incremento de la precariedad en amigos, familiares o de los que alguna vez ostentaron su condición de trabajadores metalúrgicos intocables. “Es que a todos nos llegó la miseria”, remata la conversación el grupo donde están un antiguo camionero de rutas de refrescos, un empleado de ferretería, un propietario de carnicería, y un kiosquero de golosinas y variedades.

El gobierno bolivariano no tiene políticas como tampoco tiene presencia en los pueblos y en las regiones que transitan al azar como mendigos. La política en Venezuela se desintegró para todos: puede afirmarse que para los revolucionarios totalmente; pero también se ha convertido en un amago que aunque sostenido no termina de tener concreción en la oposición democrática. Fluye, por lo tanto, el escenario de la anarquía, del escepticismo sumado a las necesidades y obstáculos de la indefensión ante los atropellos y abusos de los funcionarios oficialistas, que son objetos a su vez de burla de manera frontal pese a la amenaza de represión. ¿Necesita comprobar estos datos? Vaya al mercado de San Félix o quédese un rato en el toldo para recoger firmas contra Trump que tiene el PSUV en la calle principal del Core 8. ¿Cómo llegaremos a diciembre? ¿La camarilla roja podrá imponer sus elecciones parlamentarias fraudulentas con las que amenazan? Saltan las inquietudes desde el mismo escenario del desconsuelo, pero esas interrogantes mueren como nacen, porque la población se prepara para la sobrevivencia, como está descrito.

Aliento libertario

El queso, la harina pan, los huevos, el pan, azúcar, aceite, todo son productos esquivos para las mayorías. Es el panorama diario convertido en pesadilla para el país. No es difícil por lo tanto recordar en esta Guayana de penurias al ex gobernador revolucionario, general Rangel Gómez, que recomendó en el curso de su larga gestión, salpicada de hechos asociados a la corrupción, la receta de “freír piedras”, como comida, en razón del amor al socialismo bolivariano (imprescindible la lectura de los movimientos de este gobernante, documentados en un excelente trabajo de investigación del periodista Marcos David Valverde para Armando Info. publicado en estos mismos días). No deja de tener un cierto paralelismo en horas oscuras, con “condimentos tropicales” por supuesto, al episodio confuso que le fue imputado a la reina consorte María Antonieta de Austria cuando recomendó a la Francia hambrienta del siglo XVIII: “Si no tienen pan que coman costra de pastel”.

Aun así es relevante que igual de paralelo a la sensación de ahogo, la gente presenta la percepción unánime de un cambio nacional inminente. Quizás como producto que expresiones manipuladoras como las que siguen profiriendo los adláteres revolucionarios, ya tienen el hastío del vecino común. Ya sea porque, como lo referimos, las ideas y el ejercicio de la política en la revolución se extinguieron y han quedado desnudas las pretensiones de poder, enriquecimiento y ostentación ante el sufrimiento de los venezolanos. Esto, y que a pesar del tiempo estacionario (este mar sin brisas aparente y sin claridad), no ha impedido a la población tener como foco fundamental a las acciones de Juan Guaidó y la AN. A pesar de que la lucha por momentos se burocratiza peligrosamente (tanto que hasta los equipos de seguridad del mandatario encargado se dan el lujo de empujar e insultar a la prensa) mientras el letargo de penas continúa. De allí que el sentimiento social que subyace en los rigores de la cotidianidad venezolana es el llamado, de la misma manera que con realismo aconseja la sobrevivencia, a ser en algún instante (hoy o mañana), chispa y motor de transformación democrática. En un escenario de complejidad y de previsible pulso cerrado con los representantes del conservadurismo, la visión mercantil pero también de la política congelada en los gritos y poses de justicia, como es la práctica en Guayana. Ante ello, derrotar la fiera revolucionaria con su “receta de la nona”, a la burocracia al acecho y a la senectud de ideas, es el ineludible propósito del presente.

Trocitos…

- La vuelta a las armas anunciada por los guerrilleros colombianos, a la par del drama de la República vecina de Colombia, a los que le debemos tanto en este trance de dictadura; significa para Guayana, por la presencia extendida de esa guerrilla en la región, un drama particular. Es un capítulo dentro del ya convulsionado proceso de recuperación de la normalidad venezolana que ojalá nos permita a los guayaneses zafarnos sin más violencia que la que ya hemos conocido.

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