La fake news, la posverdad, son fenómenos que han permeado peligrosamente la sociedad contemporánea y se han convertido en caballos de Troya para fines oscuros. Aún hay tiempo para vencer la mentira y la desinformación. Luego será tarde.

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Los convulsos e impredecibles escenarios violentos que han brotado como hongos tóxicos en el mundo contemporáneo, van aparejados con el fenómeno conocido como las fake news y la posverdad, que han penetrado el espectro social, económico, religioso, moral y político generando un inmenso y extenso juego de manipulaciones de los procesos de comunicación e información que están dando por resultado la generación de una pluralidad de manifestaciones de desinformación.

En un interesante trabajo publicado por la Federación Internacional de Periodistas se definen las fake news de la siguiente manera: “Siempre han existido las noticias engañosas, pero a partir de la emergencia de internet y de nuevas tecnologías de comunicación e información, las fake news ha proliferado a lo largo y ancho del planeta. Este término es utilizado para conceptualizar la divulgación de noticias falsas que provocan un peligroso círculo de desinformación”. Este fenómeno se ha potenciado con el desarrollo, la cobertura y el empuje de las redes sociales, las cuales “permiten que los usuarios sean productores y consumidores (“prosumidores”) de contenidos a la vez, y han facilitado la difusión de un contenido engañoso, falso o fabricado”.

El trabajo en cuestión advierte que tal situación conlleva a la generación de un círculo vicioso, ocurriendo entonces que una noticia falsa puede replicarse y reproducirse miles de veces en cuestión de segundos. Frente a este evento, el documento sostiene: “El periodismo de calidad y el derecho de los ciudadanos a informarse debidamente están sufriendo el impacto de este fenómeno que se vuelve cada vez más peligroso y que influye de distintas maneras en las prácticas democráticas”. En este sentido, la democracia se ha convertido en un objetivo de guerra para los operadores de fake news, los casos recientes de las jornadas violentas protagonizadas en Francia, por los llamados “chalecos amarillos”, pasando por las demostraciones destructivas de los mal llamados “independentistas” catalanes en España; asimismo, las supuestas protestas anárquicas escenificadas en Ecuador y Chile, han encontrado bases de sustentación en estas plataformas diseñadas para generar desinformación y caos social al propalar de manera perversamente planificada mentiras y falacias de distintos tipos.

Al lado del concepto de las fake news aparece el nuevo concepto denominado como “posverdad”. De acuerdo al trabajo consultado, estas noticias manipuladas, deformadas y falseadas con fines social y moralmente destructivos se encuentran inmersas en un contexto de posverdad. Este concepto es muy reciente y viene definido en 2016 por el diccionario de Oxford como la referencia “a las circunstancias en que los hechos objetivos son menos importantes a la hora de modelar la opinión pública que las apelaciones a la emoción o a las creencias personales”.

En efecto, en un debate on line entre periodistas sobre el tema de las fake news y su incidencia en la vida política de la sociedad contemporánea, se plantearon opiniones interesantes. Márian Martínez Bascuñán: “Creo que es importante identificarlas y estudiarlas porque están conectadas con un fenómeno que afecta a la calidad misma de las democracias. Yo me centraría en el tema del espacio público como lugar donde deliberamos y decidimos colectivamente nuestro futuro. Está demostrado empíricamente que las fake news profundizan en la balcanización del espacio público o su fragmentación; eso impide que pueda tener lugar una conversación pública. En su lugar, aparecen las burbujas cognitivas, la polarización, la supresión de la distinción entre la verdad y la mentira por fabricaciones de realidades paralelas”.

Dentro del mismo debate, el periodista Nacho Torreblanca expuso: “Sin medios de comunicación libres e independientes, la ciudadanía carece de instrumentos con los que controlar el poder y obligar a los políticos a rendir cuentas. Las noticias falsas no son noticias de baja calidad que degraden al periodismo, sino intentos deliberados de invertir el vínculo democrático entre los ciudadanos y el poder. Buscan ocultar el poder y hacerlo incontrolable o que los ciudadanos sirvan a otros poderes”. Estas y otras opiniones valiosas sobre el debatido tema fueron presentadas en la mesa redonda vía web La democracia y sus trolls. España y América en tiempos de fake news.

En ese orden de ideas, en el evento el Mundo Hacker Day, desarrolló una importante mesa redonda titulada Democracia hackeada: ciberseguridad, redes sociales y manipulación de procesos electorales en la nueva era digital. En la discusión, las noticias falsas (fake news) y su viralización se constituyó en una de los temas de mayor tratamiento por parte de los participantes. Uno de ellos, Carlos Lueiro, criminólogo, señaló con preocupación que de cara a cualquier proceso electoral actual, las fake news lo que buscan es engañar e igualmente puntualizó en el hecho de la existencia de estrategias que se proponen “crear desconfianza en las personas con la finalidad de incitar a una serie de comportamientos o incluso provocar un cambio en la intencionalidad del voto”, tal como sucedió con las filtraciones que dieron al traste con la candidatura de Hillary Clinton, abonándole el camino del triunfo a Donald Trump. América Latina y Europa no están exentas de estos escenarios. Ante unas próximas elecciones en países de esas regiones, los laboratorios de fake news ya están haciendo su trabajo corrosivo.

¿Qué hacer frente a la influencia destructiva de las fake news? La Sociedad Interamericana de Prensa, entre otras instituciones preocupadas por este fenómeno y sus efectos destructivos contra la democracia, ha propuesto lo que sigue: “La diseminación maliciosa o deliberada de desinformación por parte de actores estatales o privados puede afectar la confianza pública. La desinformación no se debe combatir con mecanismos de censura ni sanciones penales, sino con la adopción de políticas de alfabetización noticiosa y digital. Los intermediarios tecnológicos deben adoptar medidas de autorregulación para prevenir la diseminación deliberada de desinformación”.

La fake news, la posverdad, son fenómenos que han permeado peligrosamente la sociedad contemporánea y se han convertido en caballos de Troya para fines oscuros. Aún hay tiempo para vencer la mentira y la desinformación. Luego será tarde.

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