Aunque es verdad que los gobiernos de izquierda han jugado en contra de nuestra causa, también tenemos rivales de todo tipo de lateralidad política, señala nuestra columnista.

Quisiera en estas líneas dilucidar la conveniencia o no de algunas movidas de tablero en los próximos panoramas de poder. Recientemente he leído sobre las contiendas electorales en otros países y qué candidatos o partidos son favorables para la oposición venezolana. El punto de rigor de esos análisis es señalar lo indeseable que es la izquierda para la causa de devolver la democracia y el cumplimiento de la ley en nuestro país.

Es una postura comprensible habida cuenta de que mientras el Foro de Sao Paulo tuvo hegemonía en el continente, la oposición venezolana no era escuchada. Por ejemplo, cuando Juan Guaidó junto a una comitiva de la entonces recién elegida Asamblea Nacional del 2015, viajaron a algunos países de la América Latina con la misión de explicar el fiasco constitucional del régimen venezolano, los entonces gobiernos de izquierda no los recibieron.

Independientemente de sus ideologías, la sordera de esos políticos latinoamericanos fue más producto del simplismo, los intereses de corta vista y la pobreza de criterio. Afortunadamente, con el tiempo el mapa de poder continental fue cambiando y asimismo la relación de fuerzas dentro de la OEA. Fue gracias a esa situación que la OEA pudo después denunciar el fraude de las supuestas elecciones venezolanas del 2017 y desconocer sus resultados.

Por eso el tablero internacional es clave para la solución a la crisis política venezolana. No se trata de esperar que venga nadie a “resolver nuestros problemas”, de suyo ganamos con sólo obtener el suficiente apoyo a nuestra causa muy justa y legítima.

La Venezuela constitucional necesita gobiernos aliados y también probos. Aunque es verdad que los gobiernos de izquierda han jugado en contra de nuestra causa, también tenemos rivales de todo tipo de lateralidad política. Hay intereses económicos y geopolíticos que nos comen las piezas del ajedrez. Cualquier análisis de esta índole no debe limitarse al esquema izquierda-derecha. Por ejemplo, hay gente por allí escribiendo muy favorablemente sobre Donald Trump y han querido vender el antejuicio o juicio inminente como una treta de la izquierda. O que la oposición a Boris Johnson y su brexit es también una confabulación similar. Los paralelismos no siempre cuadran.

Intentaré entrar en este debate, aunque los acontecimientos son tan dinámicos y cambiantes que no siempre es posible avizorar los resultados.

Los vientos electorales en los Estados Unidos: la presidencia de Trump ha apoyado ampliamente a la causa de recuperar la democracia venezolana, y en ese sentido ha actuado el partido republicano de acuerdo a sus premisas. De manera similar ha actuado el partido republicano en Hong Kong, donde los manifestantes se sienten agradecidos. Sin embargo, ese mismo partido está cambiando. La dupla Donald Trump - Mitch McConnell ha ejercido el poder desde tretas mafiosas con un total desprecio por la Constitución y las sanas costumbres de gobierno.

No se sabe a ciencia cierta cuál es hoy en día el propósito del partido republicano con su país pero ya se les ha acusado de estar alineados con Putin y sus oligarquías aliadas. Toda esta situación es muy incómoda para los demócratas venezolanos. En vista de que nuestro propósito es recuperar la vigencia de nuestra Constitución, no es coherente apoyar a un poder que ofende las leyes de su propio país. Ni los estadounidenses ni nosotros ganamos con semejante pata coja. Siendo Putin alguien que apoya irrestrictamente a regímenes dictatoriales en desmedro de las democracias, su alianza con Trump es necesariamente peligrosa. Mientras la nube oscura del Kremlin ronde por la Casa Blanca, estaremos dando vueltas sobre lo mismo.

La movida que nos convendría sería el juicio a Trump, la derrota de McConnell en su estado de Kentucky y que el senador Marcos Rubio, quien realmente nos ha venido apoyando, sea candidato republicano para el 2020.

Hay que agradecerle al presidente Trump el haberse dejado llevar por los expertos. Cuando Trump hacía declaraciones sobre Venezuela, no se equivocaba porque leía los textos elaborados y coherentes ¿que seguramente le escribía Marcos Rubio? Sin embargo, a Trump se le están apilando las demandas: entre la nefasta y criminal separación de las familias en la frontera y su sospechosa falta de transparencia en los negocios, va a necesitar siempre un escuadrón de abogados. La verdad es que a Trump le encanta jugar golf, se la pasa caminando solo por el césped de la Casa Blanca. Ojalá lo piense mejor y renuncie antes de que sea muy tarde.

Con los demócratas el caso no es muy fácil tampoco. Si los republicanos están de camilla, los demócratas aún siguen confundidos e indecisos sobre el país. Durante la presidencia de Obama hubo mucha timidez y falta de acción con el caso venezolano. Le abrieron las puertas a Cuba con argumentos muy comprensibles, pero sin percatarse que Raúl Castro es un zorro viejo y malvado.

Ocurre con los demócratas, como con algunos políticos izquierdistas del primer mundo, que suelen apoyar a cualquier loco con verborrea socialista. Pareciera que al no lograr pasar sus leyes radicales en casa, no se les ocurre nada mejor que compensar sus frustraciones apoyando a estos autócratas. Por eso tengo dudas con Joe Biden, Bernie Sanders y Elizabeth Warren. Si alguno de ellos gana, muy posiblemente se repetirá la timidez, la indecisión o las solidaridades automáticas con cualquier izquierda.

En mi opinión, la mejor apuesta que tenemos en ese partido es la candidatura de Michael Bloomberg, quien recién se ha lanzado al ruedo. El multimillonario y exalcalde de Nueva York post 11/9 ha edificado un medio de comunicación con su nombre, que es referencia sobre el acontecer económico y comercial en el mundo. Los reportajes de ese medio son muy profesionales y han demostrado un gran interés por la región. No es casual, además, que Bloomberg haya expresado haber querido hablar el español con fluidez. También pienso que él es una buena opción tanto para su nación como para fortalecer al partido demócrata.

Si ya este partido ha ganado muchos valores éticos y popularidad internacional gracias a Barack Obama, con Bloomberg podría redefinir su narrativa de país. Desde Reagan para acá, los demócratas han estado muy atrapados por el esquema republicano y necesitan encontrar su propia postura. La buena noticia es que su decisión de enjuiciar a Trump ha fortalecido su claridad y visión de país.

Las inminentes elecciones en el Reino Unido: entre Jeremy Corbyn y Boris Johnson la cosa no es tan blanco y negro para nosotros tampoco. Aunque Venezuela no sea un país de mucho interés para Westminster, a nosotros no nos convendría que Jeremy Corbyn gane y en la menor oportunidad pase una ley para reconocer a este régimen.

Por otra parte, pienso que los coletazos del brexit no le convienen a Venezuela. Cualquier quiebre de la Unión Europea favorece al Kremlin y debemos recordar que la UE es nuestra aliada. Una crisis económica y política en esa región va a repercutir en Latinoamérica. Lo favorable de un triunfo de Corbyn es que él llamaría a referéndum y el elector estaría mucho mejor informado. Si el brexit ganara nuevamente, no habría más dudas sobre la legitimidad de la salida. Si por el contrario ganara la permanencia en la UE, el Reino Unido podría salvaguardar la unión de los países bajo la corona, mantener la paz de Irlanda del Norte y resolver más realistamente sus problemas de identidad.

Lo que nos conviene de Boris Johnson es que él está bastante claro sobre la catástrofe política venezolana. De él ganar las elecciones este próximo 12 de diciembre, que es lo más probable, podremos estar tranquilos. El problema con Johnson es que ha estado políticamente muy mal empatado. Lo bueno de él es que tiene una familia extraordinaria que es mejor que él, le dicen las cosas en su cara y sin cuentos de camino. Todo un caso. Intelectualmente formado para el poder, pero muy desordenado, si Johnson gana este 12 de diciembre y por el otro lado enjuician a Trump, pueda que abandone sus tendencias fatales.

Otro tablero se avecina. En Argentina ganó la izquierda y en Uruguay perdió. Es probable que Trump no sea enjuiciado pero pierda las elecciones. El balance nos ayudará.

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