Opinión

El país dejó de ser una caja de sorpresas porque la gente se levanta todos los días con la seguridad de la invariabilidad del día con relación al anterior.
Estar próximo a una persona con esas características es una dicha: son cariñosísimos, leales, sinceros, tanto, que no tienen filtros. Dicen lo que sienten, en ocasiones lo que los seres “normales” consideramos imprudencias.
Ratificamos nuestra convicción sobre el daño que genera el electoralismo agudo que se ha apoderado de algunos dirigentes “opositores”. No estamos en democracia.
Hay una ofensiva continental que lleva adelante la izquierda jurásica o radical, estrechamente imbricada con la criminalidad organizada, y con polos de poder de otros ámbitos del mundo, que también desprecian a la democracia.
Mientras Michelle Bachelet demuestra que todos los derechos humanos han sido violentados de manera muy grave, sistemática y generalizada, por el régimen de Maduro, otra narrativa nos llega desde Europa.
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