Domingo, 02 Noviembre 2014 00:00

“No creo que va a haber justicia para mi hijo”

 
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“No creo que va a haber justicia para mi hijo” Fotos Aníbal Barreto / Cortesía Marisol García

El domingo 2 de septiembre de 2012, a las 8:00 de la mañana, Víctor Daniel Piñate García salió de su casa, en Brisas del Paraíso. 24 horas después, por la prensa, sus familiares se enteraron de que lo habían asesinado en La Porfía II. Desde entonces, la fe de su madre, Marisol García, hacia la justicia venezolana es nula.

“Si tuviera que volver a continuar y reabrir el caso, lo volvería a hacer, pero hay muchos obstáculos, mucha corrupción”, lamenta.

Hasta hace poco, la reja por la que Víctor Daniel Piñate García solía entrar a su casa, en Brisas del Paraíso, estuvo clausurada. Así lo decidió su madre, quien no soportaba escuchar ese sonido, la clarinada de la llegada de su hijo, y menos quedarse esperando las dos palabras de rigor: “Bendición, mami”.

No fue lo único que se clausuró en la casa después del lunes 3 de septiembre de 2012: se clausuraron las sonrisas. Se clausuraron los domingos en familia. Se clausuraron las rutinas. Se clausuró la felicidad. Todo porque unas balas, el día anterior, le clausuraron la vida a Víctor Daniel.

Ocurrió durante la mañana del domingo 2 de septiembre de 2012, en La Porfía II. “Vimos cuando un (Chevrolet) Corsa azul dio la vuelta acá arriba y agarró nuevamente cuesta abajo. Enseguida sonó un tiro, luego tres y luego uno más… el carro arrancó a toda velocidad, y cuando nos asomamos, vimos al chamo muerto”, relataron, en aquel momento, los vecinos de la zona.

Dos horas antes había salido de su casa. Sin cartera. Por ello, no fue hasta el día siguiente cuando sus familiares se enteraron de lo ocurrido y lo identificaron.

Durante el transcurso de ese domingo, Víctor Daniel no fue más que otro cadáver en la morgue del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (Cicpc): un anónimo delgado, de piel morena y de aproximadamente un metro y setenta centímetros de estatura, que se vistió por última vez con zapatos marrones, short beige y suéter azul oscuro. Esos datos fueron los que, en el periódico del día siguiente, leyó su hermano morocho. Y así supo que lo habían asesinado.

A8SECUELAS2IVíctor Daniel Piñate se dedicaba a la albañilería

Un niño introvertido
La casa de Marisol García es, desde hace 15 años, la sede de su hogar de cuidado diario. Allí, mientras conversa, varios niños de Brisas del Paraíso juegan alrededor de la mesa. Y ella, para no alarmarlos, procura ahogar el llanto que a cada rato se le viene.

Para perfilarlo, recuerda que “Víctor Daniel era un niño introvertido. Era morocho con su otro hermano. No se graduó, se quedó en tercer año porque ya estaba un poquito rebelde. Hasta que dijo que iba a trabajar y que no quería estudiar más. Le buscamos mil y una formas, y no quiso”.

Meses antes de su asesinato, trabajó como ayudante de albañilería en una empresa contratista de Maracay, pero por alguna razón que su madre desconoce, regresó a Ciudad Guayana.

“Él jugaba futbolito aquí, en el barrio, y saludaba a todos los vecinos. Yo no sé si andaba en algo malo, pero si lo hubiese estado viendo, te digo que estuvo en tal cosa. No te sé decir lo que pasó. No recuerdo cuántos meses tenía aquí, porque se había venido de Maracay”, comenta.

Hoy, dos años después del homicidio, cree que lo mejor hubiese sido que se quedara en Aragua. Pero, por supuesto, en aquel entonces, la alegría por tener a sus cuatro hijos en casa pudo más que otra cosa.

A8SECUELAS1IAquella mañana
“Él estaba acostado en una hamaca y me dijo: préstame tu teléfono, que no me has prestado ni un mensajito. Yo le dije: bueno, tómalo, ya se me va a vencer la renta. Yo estoy lavando y vi que estaba limpiando sus zapaticos. Eso fue como a las 7:00 de la mañana. Antes de bañarse, se fue para la parte de atrás de la casa y después me dijeron que lo vieron hablando con alguien. Se bañó, se vistió apresurado y bromea. Quienes lo vieron subir por esta calle dijeron que él estaba hablando por teléfono. Una persona lo llamó, y dijeron que fue supuestamente con el que él estaba hablando allá atrás. Ese muchacho tenía como tres meses viviendo aquí en el barrio”, detalla Marisol acerca de la última vez que vio a su hijo vivo.

Tiene nomás que dos certezas. La primera, que salió de la casa algunos minutos después de las 8:00 de la mañana de ese domingo. La segunda, que del teléfono que le prestó, mandó un mensaje de texto a su novia. Un inquietante y, ahora se sabe, determinante mensaje de texto.

“Para la misma hora que se calcula que lo matan, él manda un mensaje a la noviecita: ando con fulano de tal, pero anda alguien que no me es de confianza. Ese teléfono, después, lo llevó la novia a la petejota (…) incluso, después de todo esto, a una sobrina empezaron a molestarla de ese teléfono, porque quienes lo mataron se quedaron con ese teléfono y el Cicpc dijo que iba a rastrear la llamada”, especifica. Pero los rastreos, si acaso los hubo, no llegaron a nada.

A8SECUELAS3ILa víctima tenía 20 años cuando lo mataron

Vidas trastocadas
Un balazo en el cuello, uno en el mentón y uno en la pierna derecha. Con esas heridas quedó el cuerpo de Víctor Daniel, así lo vieron los vecinos de La Porfía II y así lo vio el familiar que lo identificó en la morgue.

“Nosotros nos enteramos por la prensa. Primero no le prestamos mucha atención, porque a veces él se quedaba en una fiesta. Y yo, cónchale, vale, le decía que quitara un mensaje prestado y se comunicara conmigo. No lo hizo, y al otro día mi hija fue para Ciudad Bolívar, y el hermano, para su trabajo. Toda la mañana (del lunes 3 de septiembre) yo la pasé parada en esa reja a ver si llegaba, y nada. La prensa llegó aquí y ni la abrimos, pero cuando el hermano está en el trabajo sí la abre y dice: este es mi hermano”, narra.

En ese momento cayó el latigazo que marcó su vida y que removió, incluso, las convicciones que hasta entonces tenía, pues “al principio mis creencias religiosas cambiaron un poquito. Yo le dije al padre Carlos (Ruiz, párroco de San Martín de Porres): padre, estoy llena de rencor… En ese momento uno quisiera morirse. Yo hubiese dado la vida por mi hijo, pero te juro que a mí no me hubiese importado que me mataran para que no mataran a mi hijo”.

¿Justicia? Ni pensarlo. A raíz de las visitas que solía prodigar al Cicpc en pos de ella, supo que no conseguiría nada. La fe que recuperó en su religión católica, proporcionalmente, la ha perdido en las instituciones.

“Si las cosas se dieron como supongo, si investigan más, a lo mejor dan con el responsable, pero no creo que vaya a haber justicia. Si tuvieran que reabrir el caso, lo volvería a hacer, pero hay muchos obstáculos, mucha corrupción”, sentencia.

Se afana, entonces, en cuidar a su otros hijos y a cada uno de los niños a su cargo como si fuese Víctor Daniel. Y, por supuesto, cuando puede, a los dos niños que dejó. Sobre todo para que, en el futuro, no corran con su misma suerte.
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Las cifras de la violencia en Guayana

592 homicidios se cometieron en Ciudad Guayana en 2013.

447 asesinatos se han registrado en Ciudad Guayana en 2014.

4 personas ultimadas en lo que va de noviembre de 2014.

49 fueron los asesinatos en noviembre de 2013.

13 muertes violentas se cometieron entre el 26 de octubre y el 2 de noviembre.

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