Lunes, 24 Noviembre 2014 00:00

“Dios me da la esperanza de que voy a ver su justicia”

 
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 El recuerdo de los buenos tiempos le da paz a Francia, madre de Kriss El recuerdo de los buenos tiempos le da paz a Francia, madre de Kriss

 Un sicario le disparó en la cabeza a Kriss Viviana Ramos Loreto el 31 de marzo de 2007. Desde entonces, su madre, Francia Loreto, revive el trauma que fue verla herida en el piso y, unas horas más tarde, en una urna.

La causa del crimen fue pasional. El autor material fue asesinado un mes después. La autora intelectual, desde entonces, permanece prófuga. Y la madre de la víctima sigue buscando la justicia a toda costa y, cada día, recordando a su aliada y amiga: su hija Kriss.

     
 

Las cifras de la violencia en Guayana

592 homicidios se cometieron en Ciudad Guayana en 2013.

473 asesinatos se han registrado en Ciudad Guayana en 2014.

25 personas ultimadas en lo que va de noviembre de 2014.

49 fueron los asesinatos en noviembre de 2013.

 
     

La lápida, en el Cementerio Metropolitano de Ciudad Bolívar, es inquietante. No hay algo fuera de lo normal en uno de los nombres: Pedro Celestino Loreto, nacido el 1 de marzo de 1920 y fallecido en 11 de agosto de 2007. Se deduce, sin mayor esfuerzo, que las cosas propias de la edad determinaron su deceso, a los 87 años.

El problema, la inquietud, el asombro, la curiosidad o la alarma, depende de cómo se mire, vienen con el otro nombre. O con las fechas, pues en primera instancia no hay nada anormal en Kriss Viviana Ramos Loreto. Pero sí con las fechas. Porque las fechas gritan algo. La fechas, esas fechas grabadas en la lápida, arriba de “Pedro Celestino Loreto”, determinan una interrupción brusca, algo que no cuaja: 3 de octubre de 1980, el nacimiento. 31 de marzo de 2007, la muerte.

¿26 años? Tal parece. Otra revisión: del 3 de octubre de 1980 al 31 de marzo de 2007. ¿Cuánto hay? En efecto: 26 años. ¿Y qué pasó? ¿Por qué el abuelo comparte una tumba con su nieta? ¿Qué pasó con esa Kriss Viviana Ramos Loreto cuyos restos yacen ahí?

La primera indagación lleva a la fecha de esa muerte. A partir de allí, los datos, y con ellos, las respuestas: 31 de marzo de 2007. Sábado. 2:30 de la tarde. Urbanización Augusto Malavé Villalba. Ciudad Bolívar. Un balazo. Y una víctima. Ella misma. El nombre femenino en la lápida: Kriss Viviana Ramos Loreto.

Pasiones que duelen
Siete años después del asesinato de su hija, Francia Loreto no desiste de un empeño pertinaz: ver justicia. Porque muchos le han dicho que es mejor dejar eso así, que no vale la pena, que para qué, que concéntrate en tu familia, que… pero no. No. Y no. Ella quiere justicia.

Desde aquel sábado de 2007, no le costó mucho entender lo que había pasado: un crimen pasional por la estratagema de una mujer, Marjorie Josefina Salinas, para apartar a Kriss del camino.

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Kriss Viviana tenía 26 años cuando fue asesinada

¿Por qué? Hay que remitirse a los meses previos, específicamente a diciembre de 2006, durante una cena. Y a otro nombre: Casiano Francisco Cruz, pretendiente de Kriss. “Ese día, él ya estaba hablando de matrimonio. Decía que estaba haciendo una vivienda en la avenida Táchira y que él se quería casar con Kriss. Me parecía un muchacho normal. Le pregunté que si estaba seguro y me dijo que sí, y que ‘no vaya a creer que me voy a hacer solo novio de Kriss. Me quiero casar”, recuerda.

Fue en ese punto donde hubo la intersección: la expareja de Cruz, Marjorie Josefina Salinas, decidió que a Kriss había que desaparecerla. Y lo hizo.

“Yo no sabía que esa mujer existía. Me entero como en febrero (de 2007), un día que ella llegó hablando de un correo. Aparentemente, (Marjorie Josefina) vio el correo de Casiano y tomó la dirección de Kriss. Ahí fue cuando me enteré”, expone. Y los fulanos correos no eran más que amenazas.


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Francia Loreto se ha aferrado a su religión

La paranoia aumentó. Y el miedo, cómo no. Porque el 29 de marzo de 2007, a Kriss la atropellaron en la avenida 17 de diciembre, justo en frente del Centro Comercial Samara, donde ejercía su profesión: contadora.

No fueron más que golpes. Y el conductor hasta disculpas pidió. Pero las amenazas continuaron. Así que Kriss Viviana decidió denunciar. Y lo iba a hacer, precisamente, el 31 de marzo de 2007. Lo iba a hacer.

Ordenando los recuerdos
Francia Loreto relata que, mientras fregaba ese mediodía, escuchó un “trac” de la puerta en el apartamento donde vivían, en la urbanización Augusto Malavé Villalba. Era Kriss. Y cuando salió de la cocina, lo vio todo: estaba tirada en el piso, con una bala en la cabeza.

“Le disparó a Kriss, le quitó las llaves del carro y arrancó. Cuando yo salí a verla, el tipo estaba ahí, y me esquivó para no llevarme”, atina a decir.

Ese “tipo que disparó” se llamaba José Antonio Regalado Vásquez. Vivía en Puerto Ordaz, y el día del asesinato se trasladó hasta Ciudad Bolívar en el carro de José Luis Granado Patiño, un taxista contratado para eso.

Luego de disparar, Regalado Vásquez condujo el carro de Kriss Viviana (un Ford Focus Blanco) hasta la calle Los Caribes, de Las Campiñas. Allí lo dejó. Luego, huyó con Granado Patiño. Así, deduce la madre de la víctima, lo planificaron Marjorie Josefina Salinas y su hermana, Karelys Leonor Salinas. Sobre ambas pesan órdenes de aprehensión.

Mientras ello ocurría, un tío de Kriss la llevó a la clínica Santa Ana, donde falleció: los médicos jamás les dieron esperanzas.

El sicario, un mes después, fue asesinado en un procedimiento del Cicpc. El taxista fue apresado y, luego de unos meses, puesto en libertad. Este año, y luego de la insistencia de Francia Loreto, se libró contra él otra orden de captura, y desde entonces es prófugo.

¿Y Marjorie Josefina Salinas y su hermana? Desaparecieron valiéndose de un sinfín de tretas jurídicas y, denuncia Loreto, sobornando.

“Teníamos proyectos juntas. Kriss y yo éramos pegadas. Me decía: mamá, cuando me case tienes que venirte a vivir conmigo. Y yo le decía: depende con quién te cases, hija, porque si no me quiere, no puedo. En todos sus proyectos estaba yo, y en todos los míos estaba ella. Perdí a mi hija pero no perdí las esperanzas”, manifiesta.

Y recuerda a la última Kriss que vio: en la urna, con un turbante blanco que ella misma le puso y que, poco a poco, se fue manchando con sangre.

“Las primeras veces soñé que me decía: mami, quédate tranquila porque ya lavé mi ropa. En la Biblia, cuando la gente se viste de blanco, está en la presencia de Dios. Después soñé que estábamos en un bosque y me dijo: chao, mami, me voy porque tengo que cuidar unos niños. Así la recuerdo y me sereno. Dios me da la esperanza de que voy a ver su justicia”, concluye.

Su papá, Pedro Celestino, la acompañó en ese proceso. “Iba a mi casa a llorar conmigo. No pensó que iba a enterrar a una nieta”. Pero solo por unos meses: el 11 de agosto de ese mismo año, falleció. Ahora está sepultado con su nieta. La lápida, la inquietante lápida, narra ambas historias.

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